Niños menores de cinco años consumen bebidas energéticas mientras prescinden de las tres porciones diarias de lácteos

Niños de entre 2 y 5 años consumen bebidas energéticas –productos formulados para adultos– mientras no alcanzan las tres porciones diarias de lácteos que las guías de nutrición pediátrica establecen como mínimo para su etapa de desarrollo. El dato proviene del V Observatorio Nutricional Nestlé – Universidad Finis Terrae 2026, que detectó además que el 51% de los escolares presenta sobrepeso u obesidad, refrenando los datos del Mapa Nutricional de la JUNAEB, frente al 85% de los cuidadores que considera que sus hijos “tienen peso normal”.

El estudio, efectuado entre el 26 de marzo y el 10 de abril de 2026 sobre una muestra de 600 padres y madres de niños y adolescentes de entre 2 y 15 años con cobertura nacional, forma parte de una medición anual que desde 2022 documenta la evolución de los hábitos alimentarios en Chile. Los resultados fueron analizados por el nutricionista Oscar Castillo, líder del Observatorio, académico de la universidad Finis Terrae e integrante del Comité Científico de Lácteos (del programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero), grupo de especialistas de universidades chilenas que recopila evidencia en materia de nutrición infantil.

La brecha de percepción alcanzó en esta edición 42% (un 4% más que en 2025) y constituye el mayor valor registrado desde que el Observatorio comenzó a medirla. Las estadísticas de la JUNAEB, sobre una base de 729.896 escolares de cinco cursos e igualmente entregada en el primer semestre de este año, sitúan la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad en el 51%, aun cuando solo el 13% de los cuidadores identifica esa condición en sus hijos.

Chile acumula dos décadas de evidencia sobre la malnutrición infantil por exceso, pero el Observatorio describe un escenario donde los factores de riesgo se superponen: sedentarismo generalizado, exposición extensa a pantallas, dietas improvisadas por falta de tiempo y recursos. Y ahora un consumo de bebidas estimulantes que se instala antes de los seis años, sumado a la ingesta de medicamentos sin supervisó médica.

“Los padres siguen invisibilizando el tema del exceso de peso: dicen que sus niños tienen peso normal, hacen más ejercicio y comen mejor, y no reconocen que tenemos un problema de sedentarismo severo y de malnutrición por exceso”, sostiene Castillo.

Energéticas en la primera infancia

Las bebidas energéticas contienen cafeína, taurina y otros estimulantes en concentraciones calibradas para organismos adultos. Su consumo en menores de seis años –etapa de desarrollo neurológico y cardiovascular intenso– no tiene respaldo en ninguna guía pediátrica y está desaconsejado por organismos internacionales de salud. El Observatorio registró que un 6% del total de la muestra consume estas bebidas, con presencia documentada desde los 2 años de edad; la cifra se triplica al 12% entre adolescentes de 13 a 15 años. Cerca de la mitad de los padres encuestados las asocia con el deporte y las percibe como productos saludables.

La inquietud que el reporte instala es que los mismos menores que ingieren estimulantes no alcanzan las tres porciones diarias de lácteos recomendadas para su grupo etario por el Ministerio de Salud y organismos internacionales. Los derivados de la leche son la fuente más accesible para nutrientes de alto valor biológico, tales como calcio, proteínas y vitamina D, y que son fundamentales para la formación ósea y el desarrollo muscular en la primera infancia.

El problema de las bebidas energéticas (que carecen de estos nutrientes críticos) tiene su origen en una percepción deformada por la publicidad, según el profesor Castillo, y que se relaciona con su asociación con el rendimiento deportivo, lo que genera en los padres la convicción de que son inocuas o incluso beneficiosas para sus hijos. “Lo preocupante es que hay niños de 2 a 5 años que consumen estas bebidas, cuyos componentes están hechos para adultos; es un tema del que deberíamos relevar más información y preocuparnos”. El académico recuerda recientes cifras reportadas por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), y que revelan que el consumo superior al 45% al menos una vez al mes.

Se normaliza la obesidad y se adelantan enfermedades

La distancia entre la imagen que los cuidadores tienen de sus hijos y los datos que registran los sistemas de salud llevan cinco años creciendo. En 2025 la brecha era de 38%; en 2026 llegó a 42%. El Observatorio atribuye este fenómeno a la normalización progresiva del exceso de peso en el entorno cotidiano: cuando la mayoría de los niños de un curso presenta sobrepeso, ese peso deja de percibirse como un desvío.

Los padres sin tiempo para cocinar improvisan; cuando no hay nada en el refrigerador piden comida a domicilio –pizza, sushi o hamburguesas encabezan el listado del estudio– y los niños sedentarios llegan a la mesa sin haber quemado las calorías del día. “Parece que la normalidad se nos desfasó un poquito; entre quien no tiene tiempo para cocinar improvisa, y si no tiene nada pide comida que no es saludable, formando una serie de conductas que apuntan siempre a que el exceso de peso siga subiendo”, sostiene el académico.

Las consecuencias clínicas configuran un escenario de “envejecimiento metabólico”. La diabetes tipo 2 –asociada históricamente al exceso de grasa corporal en adultos– se presenta hoy en jóvenes chilenos en edad escolar, junto con hipertensión arterial a edades que antes no justificaban su diagnóstico. “Se está adelantando la aparición de muchas enfermedades: los adolescentes tienen diabetes tipo 2, que era la derivada del exceso de peso en adultos, y también hipertensión a edades cada vez más tempranas”.

El impacto también se transfiere a la salud mental. Un 12% de los cuidadores percibe que la salud mental de sus hijos se ha visto afectada por el peso corporal. El porcentaje sube al 24% en el tramo de 13 a 15 años y es mayor en niñas que en niños –15% frente a 10%, quienes enfrentan con más frecuencia comparaciones, vergüenza o presión para adelgazar. Por primera vez, además, Observatorio midió el consumo de medicamentos en menores y encontró que un 37% de los niños toma algún fármaco de la lista consultada, un hábito directamente conectado con el excesivo uso de pantallas. Según el académico, “se les está medicando para dormir mejor y estar más tranquilos ante el exceso de estimulación por los dispositivos electrónicos”.

Los más frecuentes son medicamentos para la concentración y melatonina para inducir el sueño, ambos con un 31%, seguidos de ansiolíticos con un 29%. El 69% de los casos fue indicado por un profesional de salud, pero el porcentaje restante corresponde a decisiones tomadas sin supervisión médica, en muchos casos a partir de recomendaciones de influencers en redes sociales. Esto igualmente se extiende a suplementos como el magnesio, promovidos masivamente en redes, que llegan a la población infantil sin que exista evidencia de eficacia ni seguridad en ese grupo.

Para revertir un escenario que empeora en cada medición, desde el Observatorio recomiendan intervenciones que puedan incorporarse dentro del presupuesto que el Estado ya destina a educación. El 70% de la actividad física infantil se reduce a las clases de educación física escolar, y la mitad de ese tiempo no implica movimiento efectivo. El Programa de Alimentación Escolar alimenta a cientos de miles de estudiantes, pero opera sin supervisión nutricional profesional en los establecimientos.

Una de las propuestas es incorporar un nutricionista a la planta de cada colegio del país, con rol educativo transversal y control del comedor, sugiere Castillo, quien recordó que una auditoría reciente detectó servicios no entregados por 14.000 millones de pesos en el PAE. Con ese monto, calcula, sería posible materializar la idea. Sin embargo, la solución, agrega el académico, pasa también por la implementación de medidas estructurales en pos de promocionar los alimentos saludables, controlar los ultraprocesados, garantizar agua en los restaurantes y llevar la educación alimentaria al mundo digital de los niños, entre otras

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