Dos de cada ocho adultos mayores podrían presentar pérdida de masa y fuerza muscular

La dificultad para caminar, levantarse de una silla o realizar actividades cotidianas en los adultos mayores puede ser la manifestación más visible de un proceso iniciado varias décadas antes. Se trata de la sarcopenia, una condición caracterizada por la disminución progresiva de la fuerza y de la cantidad o calidad del músculo, que puede terminar comprometiendo la capacidad de las personas para desenvolverse de manera independiente.

Durante un simposio sobre alimentación y prevención de la sarcopenia realizado en el marco del Congreso de la Sociedad Chilena de Nutrición (Sochinut), la doctora Fanny Petermann, profesora asociada de la Universidad Diego Portales, advirtió que la masa muscular alcanza su punto máximo alrededor de los 35 o 40 años y posteriormente inicia un descenso progresivo.
La investigadora explicó que todavía no existe un consenso global para diagnosticar la condición. Dependiendo del criterio utilizado, los estudios internacionales sitúan su prevalencia entre 10% y 27% de las personas mayores.

Chile tampoco cuenta con una medición nacional completa. Un estudio realizado por su equipo, utilizando la circunferencia de pantorrilla como indicador indirecto, estimó que alrededor de dos de cada ocho personas mayores de la Región Metropolitana podrían presentar sarcopenia. La prevalencia aumentó entre las mujeres, los mayores de 70 años, quienes vivían en sectores rurales y las personas con menor nivel educacional.

El problema no se limita al deterioro de la movilidad. La sarcopenia se relaciona con un mayor riesgo de caídas, fracturas y osteoporosis, una peor calidad de vida y una mayor probabilidad de morir por enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Rodrigo Valenzuela, director del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y del Comité Científico de Lácteos del programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero, en una entrevista tras el evento explica que la disminución muscular también reduce la capacidad del organismo para manejar la glucosa y los lípidos. “Hay un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, triglicéridos elevados, glicemia elevada e insulinoresistencia”, señaló. A ello se suma que “la sarcopenia va directamente vinculada a un envejecimiento de mala calidad”.

Antes de la vejez

La sarcopenia puede ser reversible, especialmente en sus etapas iniciales. Sin embargo, los especialistas coinciden en que las medidas para evitarla deberían comenzar mucho antes de la vejez.

“Siempre desde antes es mejor”, dijo Valenzuela. En su opinión, la actividad física debe estimularse desde la infancia y mantenerse durante la juventud y la adultez. A partir de los 40 años, agregó, se vuelve especialmente importante incorporar ejercicios de fuerza, combinados con actividad aeróbica y una alimentación que entregue suficientes proteínas.

Petermann también enfatizó que no basta con recomendar genéricamente que las personas se mantengan activas. “Tenemos que prescribir actividad física para nuestros usuarios y pacientes, porque si no, uno se olvida. Si no les dicen cuándo, cuánto y dónde, no lo van a recordar”, afirmó durante su exposición.

La alimentación representa el segundo componente de la prevención. Las recomendaciones presentadas en el encuentro sitúan las necesidades de las personas mayores entre 1 y 1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso al día. En quienes ya presentan sarcopenia y realizan ejercicios de resistencia, el requerimiento podría ser mayor, siempre que exista supervisión profesional, buena tolerancia y una función renal adecuada.
Valenzuela sostuvo que actualmente se debería apuntar a un mínimo de 1,2 gramos por kilogramo. Esto equivale a 72 gramos diarios para una persona de 60 kilos y a 96 gramos para alguien de 80 kilos.

Alcanzar esa cantidad puede resultar difícil, especialmente porque con el envejecimiento disminuye el apetito y muchas personas comienzan a rechazar alimentos como las carnes rojas. Además, el aumento de precio de las principales fuentes proteicas puede llevar a reemplazarlas por preparaciones basadas principalmente en pan, arroz, pastas o papas.

El aporte de los lácteos

En este escenario, los lácteos ofrecen una alternativa para complementar el consumo de proteínas. “Las proteínas lácteas son de alto valor biológico. Eso quiere decir que aportan todos los aminoácidos esenciales que el ser humano necesita”, explica Valenzuela.
Entre esos aminoácidos se encuentra la leucina, que participa en la activación de la síntesis de proteínas musculares. Las proteínas lácteas, especialmente las del suero, presentan una alta concentración de este aminoácido y han mostrado resultados favorables en intervenciones dirigidas a conservar o recuperar musculatura.

Valenzuela estimó que tres porciones de lácteos pueden aportar entre 18 y 27 gramos de proteína al día, dependiendo de los productos seleccionados. Leche, yogur y quesillo también presentan una ventaja práctica entre las personas mayores, porque suelen ser mejor aceptados que una porción de carne y pueden distribuirse en distintos momentos de la jornada.

“Cuando les damos quesillo, se lo comen todo. Si les damos un yogur, se lo comen todo. Si les damos una leche sin lactosa, cuando son intolerantes, se la toman toda”, ejemplifica.
La recomendación general se sitúa entre tres y cuatro porciones diarias, que pueden repartirse entre el desayuno, el almuerzo, la once y otras comidas. Algunos productos altos en proteína permiten concentrar una cantidad mayor en porciones pequeñas, una característica que puede resultar útil cuando existe poco apetito.

Pero aumentar la proteína sin modificar otros hábitos no garantiza una recuperación muscular. El estímulo generado por los ejercicios de fuerza es el que permite que esos nutrientes se utilicen de mejor manera en la mantención y formación del músculo.

“Si eso va acompañado por proteínas como parte del valor nutricional de la dieta, mejora aún más”, aseguró Valenzuela. Caminar ayuda a conservar la funcionalidad, pero el especialista recomienda sumar progresivamente ejercicios de fuerza adaptados a la edad y condición física de cada persona.

No basta con fortificar

La cantidad y calidad de las proteínas no son los únicos factores relevantes. Para que un alimento produzca el efecto esperado, también debe ser aceptado y consumido por las personas mayores, además de permitir que sus nutrientes sean liberados durante la digestión y absorbidos por el organismo.

María Salomé Mariotti, profesora titular y directora de Investigación y Posgrado de la Universidad Finis Terrae, explicó durante el encuentro que, en una muestra de personas mayores de la Región Metropolitana, solo el 64% consumía los productos distribuidos por el Programa de Alimentación Complementaria del Adulto Mayor (PACAM).

“Entregar es diferente a consumir; la bioaccesibilidad es diferente de la absorción y la biodisponibilidad”, advirtió. Por ello, planteó que el desarrollo de alimentos para esta población debe considerar no solo su aporte nutricional, sino también el sabor, la textura, la viscosidad y las dificultades de masticación o deglución que pueden aparecer con la edad.
Esta necesidad de adaptar los alimentos refuerza, según Valenzuela, una de las ventajas prácticas de los lácteos. Productos de consumo habitual como la leche, el yogur y el quesillo permiten aportar proteínas de buena calidad en formatos conocidos, fáciles de incorporar en distintas comidas y generalmente bien aceptados por las personas mayores.

Estrategia combinada

Los especialistas recalcaron que ningún alimento puede prevenir por sí solo la sarcopenia. La estrategia debe combinar un consumo suficiente de proteínas con actividad física regular, especialmente ejercicios de fuerza adaptados a la edad y condición de cada persona.
También es recomendable distribuir las proteínas a lo largo del día, en lugar de concentrarlas en una sola comida.

Las personas con intolerancia a la lactosa pueden recurrir a productos sin lactosa, que mantienen su aporte proteico. La principal precaución corresponde a quienes presentan insuficiencia renal, ya que en estos casos la cantidad de proteínas debe ajustarse individualmente y bajo supervisión de un nutricionista.

Petermann también llamó a no descuidar aspectos básicos como la hidratación. Durante su exposición advirtió que alrededor del 30% de las personas mayores tiende a deshidratarse, entre otras razones porque disminuye la sensación de sed o se olvida el consumo regular de agua.

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