El queso se mantiene como uno de los alimentos más presentes en la dieta de los chilenos, tanto por su consumo cotidiano como por la diversidad de variedades disponibles en el mercado.
Un estudio reciente indica que el 85% de la población mayor de 18 años lo ingiere al menos una vez al mes, mientras que el 62% lo compra semanalmente, generalmente en cantidades de entre 250 y 500 gramos. Estas cifras consolidan al producto como un componente estable de la dieta de las familias en el país.
De acuerdo a la evidencia disponible, el consumo es transversal a distintos grupos de edad y género, aunque con algunas diferencias.
Los hombres presentan un consumo levemente mayor, con un 88%, frente al 83% registrado entre mujeres. A nivel etario, los jóvenes entre 18 y 29 años lideran el consumo nacional con un 91%, lo que confirma que el producto mantiene su presencia incluso entre generaciones más jóvenes, expone el reporte.
Ignacio Subiabre, investigador del equipo de alimentos de INIA Remehue asociado al Laboratorio de Calidad de Alimentos de Origen Pecuario, subraya que el perfil predominante en Chile corresponde al consumidor tradicional. Se trata de personas que priorizan el precio, la disponibilidad y la familiaridad del producto, características que explican la fuerte presencia de ciertas variedades en la mesa cotidiana.
“Por lejos, el mayor consumo de queso está asociado al queso chanco o mantecoso. Es el queso que más se consume en Chile y el que masivamente está presente día a día en los hogares del país, utilizado para sándwiches, pizzas u otras preparaciones”, señala el especialista, quien explica que esta preferencia se relaciona con su sabor suave, su versatilidad culinaria y su precio relativamente accesible.
En su análisis, el usuario tradicional busca estabilidad en la calidad del producto y suele mantener hábitos de compra constantes en el tiempo. Este perfil tiende a adquirir el queso en supermercados o ferias, y lo utiliza principalmente en preparaciones simples de la dieta diaria, entendiendo que factores como el precio, origen y la confianza en la marca influyen de forma decisiva.
El 79% de los consumidores, precisa CORPA, ratifica el precio como un elemento determinante al momento de comprar queso, mientras que el 68% menciona la confianza en la marca como un factor clave en su decisión. El sabor también juega un rol relevante en el consumo, aunque no necesariamente en la elección del producto. El 82% de los encuestados lo identifica como la principal razón para consumir queso, pero a la hora de comprar, variables económicas o de seguridad alimentaria pesan más en la decisión final.
En paralelo, estudios recientes en Chile refuerzan su impacto en salud pública. Un trabajo del investigador del Comité Científico de Lácteos, el Dr. Samuel Durán, en más de 2.000 adultos asoció el consumo habitual de queso con un menor índice de masa corporal y un menor riesgo de obesidad. A diferencia de otros lácteos, fue el único que mostró un efecto protector significativo, incluso con hasta 25% menos probabilidad de obesidad en consumidores frecuentes, lo que abre nuevas perspectivas en nutrición.
Consumidor de momentos
Junto al consumidor tradicional, el mercado chileno muestra la presencia de un segundo perfil cada vez más visible: personas que buscan ampliar su experiencia gastronómica y probar nuevas variedades de queso. Este grupo se caracteriza por una menor sensibilidad al precio y por una mayor disposición a explorar sabores distintos.
De acuerdo con Subiabre, este segmento consume queso tradicional de forma periódica pero además se orienta hacia productos con perfiles sensoriales más complejos en forma esporádica,., que busca sabores más intensos, como quesos de oveja, de cabra o quesos maduros, y que disfruta combinarlos con otros alimentos”, señala el especialista.
En muchos casos, estas variedades provienen del mercado internacional. Francia, Italia y Holanda figuran entre los principales países de origen de los quesos maduros disponibles en Chile, lo que refleja la influencia de tradiciones queseras consolidadas en la oferta local.
Sin embargo, el crecimiento de este nicho también abre oportunidades para productores nacionales. En los últimos años han surgido iniciativas artesanales que elaboran quesos de cabra, oveja o vaca con procesos de maduración más prolongados, que se orientan a un público que busca experiencias gastronómicas más sofisticadas, exponen desde el INIA.
El consumo de estos productos suele asociarse a momentos específicos, como degustaciones, picoteos o reuniones sociales, donde el queso se combina con frutas, embutidos u otros acompañamientos. De hecho, estudios recientes exponen que el 38% de las personas incorpora queso en instancias de picoteo, una práctica más frecuente en los segmentos socioeconómicos de mayores ingresos.
Para ocasiones especiales
Un tercer perfil de identificado por el especialista corresponde a quienes compran queso principalmente para ocasiones especiales. Aunque se trata de un grupo menor en términos numéricos, su presencia refleja un cambio gradual en la forma en que el producto se integra en la cultura gastronómica local.
Según explica Subiabre, este grupo representa alrededor del 10% de los consumidores. “Un segmento de consumidores, alrededor de un 10%, consume queso en ocasiones especiales, como reuniones o invitaciones en casa. En esos casos se utilizan quesos maduros, de mayor precio, que suelen venderse en cuñas pequeñas para facilitar su acceso”.
Estos productos suelen presentar procesos de maduración más largos, que pueden extenderse entre tres meses y un año. Esa característica incide directamente en su valor comercial. Mientras un kilo de queso tradicional puede costar cerca de 10.000 pesos, algunas variedades maduras pueden alcanzar valores entre 35.000 y 40.000 pesos por kilo.
Para facilitar su compra, estos quesos se comercializan habitualmente en porciones pequeñas, generalmente cuñas de entre 125 y 150 gramos. Este formato permite que los consumidores accedan a productos más sofisticados sin realizar un gasto elevado en una sola compra.
El crecimiento de este segmento también ha impulsado una mayor presencia de quesos especiales en supermercados y tiendas especializadas. La oferta incluye variedades con corteza blanca, como brie o camembert, que han ganado visibilidad en el mercado nacional por su apariencia, su formato y su versatilidad en degustaciones.
Este tipo de consumo refleja un cambio cultural en torno al queso, que comienza a ocupar un espacio más amplio dentro de la gastronomía cotidiana. Aunque el consumo tradicional sigue dominando el mercado, la aparición de nuevos perfiles de consumidores sugiere una diversificación gradual de la demanda y un escenario de mayor complejidad para la industria quesera en Chile.
Mercado global crecerá 6% anual
El mercado chileno sigue dominado por variedades tradicionales, tales como gauda, chanco y/o mantecoso. Según los datos, estos quesos presentan una penetración cercana al 87%, muy por encima de otras opciones como los artesanales, con 36%, o los productos sin lactosa, con 24%. Entre las variedades, el queso gauda destaca como el favorito para el 39% de las personas.
El consumo también está fuertemente asociado a la rutina diaria. La once y el desayuno concentran la mayor parte de la ingesta: el 77% de las personas declara consumir queso en la once y el 74% durante el desayuno. En ese contexto, el formato laminado es el preferido por el 78% de los consumidores y se utiliza principalmente en sándwiches (85%) o en preparaciones como pizzas (60%).
A nivel internacional, el queso también mantiene una presencia creciente en la industria alimentaria. El mercado global ronda los 200 mil millones de dólares en 2025 y podría alcanzar cerca de 209 mil millones en 2026, con tasas de crecimiento cercanas al 6% anual en la próxima década. La demanda global ha estado impulsada principalmente por el consumo de quesos naturales y por su uso en preparaciones como pizzas, sándwiches y diversas cocinas internacionales.
Europa concentra cerca de la mitad del mercado mundial, con aproximadamente 48% de la facturación global, y sigue siendo la región líder en consumo y producción. Estados Unidos se posiciona como el mayor productor individual del mundo, con más de 6,2 millones de toneladas anuales, seguido por Alemania y Francia. Las proyecciones a largo plazo estiman que el mercado podría alcanzar entre 320 y 340 mil millones de dólares hacia 2033–2034
