Las mujeres lideran en Chile uno de cada cinco predios lecheros

De acuerdo con informe de la IDF
Las Mujeres Lideran En Chile Uno De Cada Cinco Predios Lecheros

– Desde el Consorcio Lechero destacan que la participación femenina es hoy parte estructural del desarrollo productivo del sector.
– A nivel global, las mujeres lideran unos 37 millones de predios lecheros y cerca de 80 millones participan directamente en la producción de leche.
– La FAO conmemora en 2026 el Año Internacional de la Mujer Agricultora, con foco en cerrar brechas y fortalecer el liderazgo rural.

Uno de cada cinco predios lecheros en Chile es liderado por una mujer. La cifra se desprende de antecedentes recogidos por un reporte de la Federación Internacional de la Lechería (IDF), que analiza la participación femenina en la cadena láctea a nivel global. En el caso chileno, distintas estimaciones sitúan entre un 15% y un 20% la proporción de establecimientos productivos administrados por mujeres.

El dato refleja una transformación gradual en un rubro históricamente asociado a liderazgos masculinos. En particular en las regiones del sur del país, donde se concentra gran parte de la producción nacional de leche, es cada vez más frecuente encontrar mujeres participando activamente en la gestión predial, la toma de decisiones técnicas y la conducción de empresas familiares vinculadas a la actividad lechera.

A escala internacional, el informe de la IDF muestra que esta tendencia forma parte de un fenómeno más amplio. Según el organismo, alrededor de 37 millones de predios lecheros en el mundo están liderados por mujeres, mientras que cerca de 80 millones participan directamente en actividades de producción, incluyendo manejo de animales, ordeño, alimentación del ganado y comercialización.

En ese contexto, el caso chileno se inserta dentro de una dinámica global donde la presencia femenina en la base productiva de la lechería adquiere cada vez mayor visibilidad y relevancia. Las cifras posicionan al género como un actor estructural dentro de la cadena láctea mundial, particularmente en sistemas productivos familiares y de pequeña escala. Sin embargo, a pesar de esta amplia participación, el reporte advierte que la presencia femenina en la lechería global convive con brechas persistentes.

En numerosos países, las agricultoras tienen menor acceso a tierra, ganado, financiamiento, insumos tecnológicos y capacitación, lo que limita su productividad y sus ingresos. Estas desigualdades también se reflejan en el empleo agrícola: en promedio, las trabajadoras asalariadas en sistemas agroalimentarios reciben alrededor de 0,82 dólares por cada dólar que gana un hombre, advierte la IDF.

La distribución del trabajo dentro de la cadena agroalimentaria también revela diferencias relevantes: las mujeres representan cerca del 53% de la fuerza laboral en el comercio minorista de alimentos, aunque con frecuencia se concentran en productos o canales de menor valor agregado. En muchos contextos rurales en el mundo son ellas quienes realizan gran parte de las tareas diarias, pero sin necesariamente contar con titularidad sobre los activos productivos ni participación directa en decisiones comerciales.

Según el análisis, reducir las brechas de género en los sistemas agroalimentarios podría generar impactos significativos en productividad, nutrición y resiliencia rural. Más que una tendencia emergente, la presencia de las mujeres en esta actividad aparece hoy como un componente central del desarrollo del sector, destacaron desde el Consorcio Lechero de Chile.

“En ese escenario, el caso chileno, con una presencia creciente de mujeres liderando predios y participando en redes técnicas ofrece un ejemplo concreto de cómo la participación femenina puede contribuir a fortalecer la sostenibilidad productiva, el bienestar animal y la toma de decisiones en el territorio”, valoraron desde la entidad sectorial.

“La diversidad fortalece al sector”

Alejandra Viedma es médico veterinario y actualmente se desempeña como coordinadora del Área de Producción Primaria del Consorcio Lechero, una corporación que articula investigación, transferencia tecnológica y desarrollo productivo en el sector lácteo chileno.

Su vínculo con la lechería nace en la historia de su propia familia. Su abuela inició el proyecto productivo con pocas vacas y, con el tiempo, su madre consolidó el predio. Esa trayectoria generacional le ha permitido observar de primera mano cómo ha evolucionado el rol de las mujeres dentro del sector agropecuario.

Desde su experiencia técnica y familiar, Viedma señala que en las últimas décadas se ha producido un cambio importante en la percepción del trabajo femenino en el campo. El aumento de mujeres que estudian agronomía y medicina veterinaria, así como su presencia en empresas, centros de investigación y predios productivos, ha contribuido a ampliar su participación en la cadena láctea.

“Creo que las barreras de aceptación hacia la mujer en el sector prácticamente han desaparecido. Hoy vemos mujeres en el campo, en investigación, en la industria privada. El mito de que la mujer no puede hacer trabajo agrícola ya está roto”, señala. Al mismo tiempo, sostiene que la diversidad en los equipos de trabajo fortalece la gestión productiva y la toma de decisiones en la industria. “El liderazgo femenino aporta una mirada distinta. No es que sea mejor o peor, es complementaria. La diversidad fortalece al sector y mejora la gestión”.

“Tenemos mucho que aportar”

Rose Marie Avilés Müller administra Agrícola Avilés, en el sector de Pichidamas, en la comuna de Osorno. Lleva casi tres décadas vinculada a la producción lechera, periodo en el que ha participado en distintos sistemas productivos, desde modelos estabulados hasta sistemas pastoriles y mixtos, adaptándose a las condiciones de cada etapa.

A lo largo de su trayectoria ha debido enfrentar cambios de ubicación, suelo y condiciones climáticas, experiencias que la han llevado a liderar ya su cuarta lechería. Esa adaptación constante, señala, ha sido parte del aprendizaje del rubro, donde la gestión, la planificación y la capacidad de tomar decisiones oportunas resultan claves para la continuidad de los predios.

Actualmente trabaja junto a su hija Paula en una empresa familiar donde también participan sus hermanos en otras actividades agrícolas. Aunque no estudió una carrera vinculada directamente al agro, Avilés encontró en la administración y organización del trabajo una de sus principales fortalezas para conducir el proyecto productivo.

“Las mujeres tenemos mucho que aportar, especialmente en la parte administrativa y organizacional. Somos detallistas, vemos el panorama completo. Pero si queremos integrar más mujeres al rubro lechero, hay que legislar mejor ciertos aspectos laborales”, afirma. Desde su experiencia, el desarrollo del sector depende también de comprender el valor del trabajo complementario dentro de los equipos productivos. “No se trata de que uno sea mejor que el otro. Hombres y mujeres somos un complemento”.

“El campo es una forma de vida”

Carolina Wendler es ingeniera agrónoma, socia y directora de Agrícola Las Pataguas, predio lechero ubicado entre Río Bueno y Osorno. Su historia con la actividad comenzó desde muy pequeña: es hija de médicos veterinarios y creció observando el trabajo y el esfuerzo de sus padres por levantar su primera lechería.

En 2013, tras el fallecimiento de su padre, asumió junto a su madre el desafío de continuar el proyecto familiar. Ese proceso marcó una nueva etapa para la empresa, en la que la formación profesional y la experiencia acumulada en el campo se combinaron para consolidar el desarrollo del predio.

Actualmente lidera la empresa junto a su marido, con quien ha impulsado un proceso de modernización productiva. Desde 2021 han incorporado mejoras en genética, manejo y gestión, lo que ha permitido casi duplicar el rendimiento por vaca, fortaleciendo la competitividad del sistema productivo.

“Para mí nunca ha sido una limitante ser mujer. Jamás dejé de hacer algo por eso. Si trabajas con convicción y pasión, el campo es una forma de vida y una empresa rentable si se gestiona bien”, señala. Para Wendler, uno de los principales desafíos del sector es asegurar el recambio generacional, transmitiendo el valor del trabajo agrícola a las nuevas generaciones. “El recambio generacional depende de cómo transmitimos lo que hacemos. Si uno vive el campo con pasión, los hijos seguirán naturalmente”.

El año de la mujer en agricultura

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) impulsa ese año el Año Internacional de la Mujer Agricultora, una iniciativa aprobada por la Asamblea General de la ONU en 2024 con el objetivo de visibilizar el aporte que millones de mujeres realizan en los sistemas agroalimentarios. Su objetivo es acelerar reformas que permitan reducir brechas en acceso a tierra, financiamiento, tecnología, capacitación y mercados.

En numerosos países, las agricultoras trabajan en parcelas de menor tamaño que los hombres y, aun cuando gestionan predios equivalentes, enfrentan una brecha de productividad de la tierra cercana al 24%. A ello se suma que los efectos del cambio climático: cada día de temperaturas extremas reduce el valor de los cultivos producidos por mujeres en cerca de un 3%, mientras que un aumento sostenido de 1 °C en la temperatura media se asocia con caídas de hasta 34% en los ingresos de hogares encabezados por mujeres en comparación con aquellos liderados por hombres.

A nivel de empleo, las mujeres con trabajo asalariado reciben en promedio 78 centavos por cada dólar que ganan los hombres. Al mismo tiempo, las tareas de cuidado no remuneradas, que recaen mayoritariamente en mujeres y niñas, representan un aporte estimado en al menos 10,8 billones de dólares anuales a la economía mundial, una contribución que rara vez aparece en las estadísticas productivas.

La FAO estima que reducir distancias en empleo, educación e ingresos podría eliminar hasta el 52% de la brecha de inseguridad alimentaria que afecta en mayor medida a las mujeres. Más aún, el empoderamiento económico de las agricultoras –a través de políticas públicas, acceso a crédito, capacitación técnica y redes de apoyo– podría aumentar los ingresos de 58 millones de personas y reforzar la resiliencia de otros 235 millones en comunidades rurales.

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