Un equipo encabezado por la Universidad de Los Lagos estudiará si el consumo diario de proteínas lácteas, acompañado de ejercicios de fuerza, puede contrarrestar la pérdida muscular que se produce con la edad. El proyecto fue el único ganador del XI Concurso de Proyectos de Investigación SOCHINUT–Consorcio Lechero 2026.
La propuesta también evaluará sus efectos en la composición corporal, el metabolismo y la longitud de los telómeros, estructuras vinculadas con el envejecimiento biológico.
Su selección fue anunciada durante las Jornadas de Nutrición organizadas por la Sociedad Chilena de Nutrición (SOCHINUT) y la Sociedad Chilena de Tecnología de los Alimentos (SOCHITAL).
La investigación estará a cargo de un equipo encabezado por Silvana Trinidad Trunce, nutricionista, académica e integrante del Laboratorio REDES (EQM210056) de la Universidad de Los Lagos. El trabajo tendrá una duración de un año e incluirá a cerca de 60 personas de 60 años o más con obesidad.
El reclutamiento comenzará durante los próximos meses. El estudio se realizará en el campus Puerto Montt de la Universidad de Los Lagos, donde cuentan con equipamiento para medir con precisión la composición corporal de los participantes.
“En las personas mayores con obesidad hay una mayor adiposidad, pérdida de masa muscular y, muchas veces, un deterioro funcional”, explicó Trunce durante la presentación del proyecto.
Los participantes serán distribuidos al azar en dos grupos. Uno recibirá diariamente 30 gramos de proteína láctea y realizará dos veces por semana ejercicios de fuerza de alta velocidad. Se trata de un entrenamiento adaptado a las capacidades de las personas mayores, que incluirá el uso de bandas elásticas y será dirigido por una kinesióloga.
El grupo de control recibirá consejería nutricional, pero no consumirá el suplemento ni participará en un programa estructurado de ejercicios.
La intervención se extenderá durante 12 semanas. Al comienzo y al final de ese periodo se medirá la masa muscular y grasa de los participantes. También se realizarán exámenes de glucosa, insulina, lípidos y presión arterial, junto con pruebas de fuerza, marcha y movilidad. La evaluación incluirá además aspectos cognitivos, calidad de la alimentación y calidad de vida.
Uno de los problemas frecuentes durante el envejecimiento es que los músculos responden cada vez menos al aporte de proteínas. Este fenómeno, conocido como resistencia anabólica, dificulta conservar o recuperar masa muscular, especialmente cuando se combina con obesidad y baja actividad física.
El equipo espera establecer si la suplementación, unida al entrenamiento, ayuda a aumentar la masa magra, reducir la grasa corporal y mejorar el perfil cardiometabólico y la funcionalidad.
La principal novedad será estudiar qué ocurre con los telómeros. Se trata de estructuras que protegen los extremos de los cromosomas, de manera semejante a las puntas plásticas que impiden que los cordones de los zapatos se deshilachen. Cada vez que una célula se divide, los telómeros tienden a acortarse. Cuando alcanzan una longitud demasiado reducida, la célula pierde parte de su capacidad para continuar dividiéndose y puede entrar en un estado de envejecimiento.
Ese acortamiento se produce naturalmente con el paso de los años, aunque también puede estar relacionado con la obesidad, el sedentarismo y alteraciones metabólicas. Por esa razón, la longitud de los telómeros se utiliza en investigación como uno de los indicadores del envejecimiento biológico. No funciona, sin embargo, como un reloj capaz de determinar la edad exacta de una persona ni permite predecir cuánto vivirá.
El equipo comparará la longitud telomérica al comienzo y al término de la intervención para explorar si el consumo de proteínas lácteas acompañado de ejercicio produce algún cambio detectable. Como el programa durará 12 semanas, este será un resultado preliminar. Su valor estará en relacionarlo con las variaciones en la masa muscular, la grasa corporal, la salud metabólica y la capacidad física de los participantes.
“La brecha en la evidencia científica está principalmente en la escasez de intervenciones integradas que incluyan biomarcadores de envejecimiento. Nuestra propuesta combina la suplementación con proteínas lácteas y un protocolo de ejercicio físico adaptado para personas mayores”, señaló Trunce, quien está cursando su doctorado en la Universidad de Sao Paulo.
La académica coordina el Programa ULagos para Personas Mayores y desarrolla su tesis doctoral en el área del envejecimiento saludable. La elección de los lácteos se debe a su contenido nutricional y a que se trata de alimentos disponibles para buena parte de la población.
“Es importante aportar desde la ciencia evidencia sobre un alimento nutritivo y bastante accesible para la población, y conocer cómo puede influir, junto con la actividad física, en el envejecimiento”, afirmó.
El equipo también está integrado por Rocío San Martín, Nicole Fritz y Lorena Medeiros. En total participan dos nutricionistas, una ingeniera biotecnóloga y una kinesióloga. El protocolo ya fue aprobado por un comité ético-científico.
Para escoger al ganador, tres revisores de SOCHINUT y otros tres del Consorcio Lechero evaluaron en forma independiente las propuestas recibidas. Representantes de ambas organizaciones se reunieron posteriormente para seleccionar el proyecto.
El concurso forma parte de una colaboración iniciada en 2022. Con la investigación encabezada por Trunce, ya son cuatro los proyectos respaldados por este fondo.
Octavio Oltra, gerente general del Consorcio Lechero, destacó que la iniciativa busca generar información científica sobre el papel de los lácteos en la alimentación. “Siempre hemos seguido la lógica de generar más información científica que pueda mostrar cuál es el impacto de los lácteos en la salud y nutrición de las personas”, dijo.
La experiencia en desarrollo podría servir para diseñar programas destinados a personas mayores en organizaciones comunitarias y centros de atención primaria.
