En un mundo que envejece rápidamente, la sarcopenia, definida como la pérdida
progresiva de masa y fuerza muscular con la edad, se perfila como uno de los grandes
retos de salud pública para las próximas décadas. Según estimaciones de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2050 esta condición afectará a más de
200 millones de personas en todo el mundo.
En este sentido una revisión sistemática y metaanálisis de publicaciones publicado
recientemente en la revista Advances in Nutrition mostró que la ingesta de proteínas
lácteas tiene un impacto positivo en el aumento de masa muscular tanto en adultos de
mediana edad y mayores.
Nueve estudios informaron que la suplementación fue bien tolerada y no se asoció con
eventos adversos graves. En la publicación se reconoció que “aunque se necesitan
investigaciones adicionales de alta calidad para determinar el tipo óptimo de proteína
láctea y su dosis ideal, esta revisión sistemática proporcionó evidencia de que las
proteínas lácteas podrían ser una estrategia nutricional prometedora para mejorar la
masa muscular apendicular en adultos mayores y contribuir a prevenir la sarcopenia”.
«Las proteínas de los lácteos son fáciles de incorporar en la dieta porque éstos no
requieren de cocción y en general son bien tolerados», destaca la Dra. Mabel
Arinoviche, presidenta de la Sociedad Chilena de Osteología y Metabolismo Mineral
(SCHOMM). Afirma que los productos lácteos como yogures y quesos frescos son
opciones ideales para adultos mayores, ya que no solo aportan proteínas de alta
calidad, sino también calcio, un mineral esencial para prevenir la osteoporosis, que
frecuentemente acompaña a la sarcopenia. Además, son una alternativa práctica para
quienes tienen dificultades para masticar carnes o carecen de piezas dentales.
En Chile, programas de geriatría como los liderados por el Dr.Homero Gac (de UC
Christus) han implementado exitosamente suplementación proteica en adultos mayores
mediante postres y alimentos de alta densidad proteica pero de bajo volumen. Esto ha
permitido una mejor adherencia a las recomendaciones nutricionales, especialmente en
pacientes que suelen mostrar resistencia al consumo de carnes o productos lácteos
tradicionales.
La suplementación proteica ha demostrado ser una herramienta efectiva para mitigar la
pérdida de masa muscular. Sin embargo, los estudios revisados señalan que el efecto
en el aumento de la fuerza muscular no fue tan significativo. Para la Dra. Arinoviche, esto es posiblemente debido al corto tiempo de observación, que en la mayoría de los casos no superó las 12 semanas.
«Si combinas la suplementación proteica con ejercicio, el impacto es mucho mayor. Ahí
sí se ve un aumento significativo tanto en la masa como en la fuerza muscular», aclara
la Dra. Arinoviche. La actividad física, especialmente los ejercicios de resistencia,
estimulan la fuerza muscular y potencia los efectos de una dieta rica en proteínas. Este
enfoque integrado es clave para combatir tanto la sarcopenia como la osteoporosis,
condiciones que, como explica la experta, «caminan juntas» en la mayoría de los casos.
Opciones prácticas para incorporar proteínas
Para fomentar el consumo de proteínas en adultos mayores, la Dra. Arinoviche
recomienda productos que sean fáciles de digerir y agradables al paladar. «El yogur es
mejor tolerado que la leche y es más aceptado porque tiene sabor y a veces fruta»,
señala.
La dosis recomendada para adultos mayores es de 1-1.2 gramos de proteína por kilo
de peso corporal al día y de 1.200 mgs de calcio al día. Esto no solo ayuda a mantener
la masa muscular, sino también a suplir las necesidades de calcio, crucial para la salud
ósea.
Si bien las evidencias respaldan los beneficios de la suplementación proteica y el
ejercicio, aún existen desafíos para implementar estas estrategias a gran escala.
«Muchos adultos mayores tienen ideas erróneas sobre los lácteos o enfrentan barreras
económicas para acceder a alimentos de calidad», advierte la presidenta de la
SCHOMM.
A medida que la ciencia avanza, también lo hacen las opciones para abordar esta
condición. «La industria láctea ha sido muy creativa y ha desarrollado productos
adaptados a distintas necesidades, como yogures bajos en grasa, sin lactosa o con
extra proteínas», apunta la experta. Estas innovaciones, junto con programas de
educación y políticas de salud pública, podrían marcar la diferencia en la lucha contra
la sarcopenia.
«La osteoporosis es una epidemia silenciosa que avanza junto con el envejecimiento
poblacional y los malos hábitos de vida», explica la Dra. Arinoviche. Esta condición no
solo está vinculada al aumento de la población mayor, sino también a una alimentación
inadecuada, rica en alimentos ultraprocesados, baja en proteínas de calidad y baja en
calcio como también a estilos de vida poco saludables que incluyen altos niveles de
sedentarismo.
Según la especialista, la alimentación con productos lácteos no debería limitarse a
edades avanzadas de la vida. “Los requerimientos mayores son durante la pubertad
porque ahí es donde el desarrollo óseo y también de masa muscular es el de mayor
magnitud. Lamentablemente los jóvenes no están consumiendo la cantidad de lácteos que deberían, salvo los deportistas que habitualmente tienen un equipo
multidisciplinario que los están asesorando”, asegura.
Sarcopenia y Osteoporosis serán temas centrales del XXXII Congreso de la Schomm,
previsto para los días 25 y 26 de abril en Santiago y que contará con invitados
nacionales e internacionales. Entre estos últimos destacan los doctores Michael
Lewiecki y Kenneth Saag de Estados Unidos y la doctora Claudia Sedlinsky de
Argentina. Entre los expositores estarán representantes del Consorcio Lechero.