Fundo San Javier es el primer auditado en el Estándar de Sustentabilidad para Predios Lecheros:“Entregamos un producto de primera necesidad para el bienestar de la población mundial”.

El fundo San Javier, ubicado en Máfil, Región de Los Ríos, fue el primer predio lechero en cumplir exitosamente el proceso de auditoría, paso clave en el proceso de certificación de sustentabilidad que está impulsando este sector productivo.

La auditoría revisa y verifica los procesos, prácticas y manejos que incluye el Estándar de Sustentabilidad para Predios Lecheros, en el contexto del programa Chile Origen Consciente impulsado por el ministerio de Agricultura y coordinado por el Consorcio Lechero.

“Esta es una herramienta que permitirá certificar y reconocer las acciones que realizan los productores lecheros nacionales en su actividad, lo cual es una garantía para la comunidad y los consumidores en que lo que se está haciendo en el campo, efectivamente es sostenible”, dice la coordinadora de Sustentabilidad del Consorcio Lechero, Natalie Jones.

Hoy son más de 200 los predios lecheros que están participando en esta primera etapa. Y la invitación es a que más productores puedan realizarse una autoevaluación totalmente voluntaria para ir preparando y conociendo la sustentabilidad de sus manejos. “Lo importante es que es voluntario y que reconoce que gran parte de lo que ya desarrollan en sus campos, está bien hecho, lo que ya hemos ido viendo en los productores que participan de esta primera etapa”, dijo.

La información, lista de auditores y aplicación para realizarse una autoevaluación están disponibles en www.certificacionpredial.cl

El productor Jan Schrott, contó que decidió certificarse en sustentabilidad, proceso que resultó muy expedito y que valoró mucho.

“Para los mercados internacionales y algunos consumidores, la leche puede ser vista como
un mero commodity. Pero los agricultores lecheros sabemos que producimos más que
eso, entregamos un producto de primera necesidad para el bienestar de la población
mundial. Todo empieza en el campo. Los productores tenemos una tremenda responsabilidad en asegurar qué dentro de una generación, podemos seguir produciendo leche de alta calidad, cumpliendo con las crecientes exigencias por parte de los consumidores, que se están poniendo más exigentes, y con razón. Quieren saber que los
productos que consumen están producidos según no solamente estándares estrictos de
seguridad e inocuidad (garantizados por el SAG), pero también bajo condiciones que
aseguran un bienestar animal y de una manera amigable con el medio ambiente”, dice Schrott.

El Consorcio Lechero, agregó el productor, ha hecho un trabajo realmente increíble, para poder transmitir el concepto de Sustentabilidad, “a veces ambiguo y poco “tangible”, en una definición cualitativa y medible. Los recursos naturales son limitados y tenemos que seguir aprendiendo a tratarlos con respeto para asegurar nuestra sobrevivencia y que las próximas generaciones puedan seguir produciendo leche. Empezar a identificarse y entender como uno puede aportar con su propio grano de arena a producir de una manera verdaderamente sustentable fue la base de mi decisión en
querer certificarme”.

El hecho de que el proceso de la certificación está “aterrizado”, con acciones concretas y
mediciones o pruebas claras, ayuda a uno a seguir avanzando, comentó. “Y uno se da cuenta que no es algo fuera del alcance, es posible lograrlo. Además, producir de manera sustentable no necesariamente significa incurrir en gastos o hacer (tremendas) inversiones. Usar el sentido común, adaptar algunos procesos o
cambiar el enfoque ya ayuda. Recibir la certificación significa un reconocimiento, uno se siente orgulloso. Y da el empuje para seguir produciendo e innovando para poder asegurar que la leche que los consumidores consumen es de primera calidad, alineado con nuestro medio ambiente y los otros actores.

¿Por qué recomienda certificarse en sustentabilidad? El productor de Máfil destaca que “salir de la inercia, es lo más difícil que hay. Una vez en el camino, los beneficios se van
aumentando. Independiente del tamaño, 10, 100, 1.00, 5.000 o más vacas en ordeña, el concepto de sustentabilidad es universal y no depende del tamaño de los predios. Somos los productores quienes formamos el primer eslabón. Es nuestro deber ético asegurar que
la próxima generación de productores reciba la ayuda y el conocimiento para usar los
recursos con el debido respeto. La certificación ayuda a reevaluar, repensar, atreverse a embarcar e implementar “nuevas” ideas. Sin necesariamente gastar dinero. Sumando granos de arena entre todos, juntos podemos mostrar que el rubro lechero es
un rubro innovador, un líder en una producción visionario y así posicionar Chile en el mapa mundial como integrante que sabe respetar los recursos y convertirlos en un producto de primera calidad. Asegurando una cantidad necesario para alimentar la mayor población posible”.

Con más predios certificados, concluye Schrott, la ayuda entre productores que hablan el mismo idioma se puede convertir en una sinergia y simbiosis con tremendas ventajas. “¡Tenemos un programa y modelo implementado! Nos ofrecen la ayuda en una bandeja de oro. Dejemos de quejarnos, salimos adelante”.

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